ENTRE EL RUIDO Y EL SILENCIO: Explorando parajes emocionales en la narrativa contemporánea

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Leer “Cómo olvidar a Berta” y El silencio de las sirenas es como observar dos paisajes emocionales: uno, un bullicioso carnaval urbano; el otro, un valle silencioso donde la naturaleza murmura secretos. Aunque contrastantes en estilo y contexto cultural, ambas obras convergen en su exploración de los grandes temas universales: el amor, la soledad y la inexorable marcha del tiempo, desentrañando las intrincadas capas de la emoción humana.

En este análisis, se abordan los textos “Cómo olvidar a Berta”, incluido en el libro Gente que ríe (2022) de Laura Chivite, y El silencio de las sirenas (1985) de Adelaida García Morales. Chivite representa a una nueva generación de narradores que retratan con frescura e ironía la vida urbana contemporánea. Su prosa, caracterizada por un humor surrealista y una estructura fragmentada, captura la complejidad emocional de personajes inmersos en el caos de la modernidad. En contraste, García Morales se inscribe en la tradición lírica española del siglo XX, evocando una España rural en proceso de transformación, marcada por la despoblación y una desconexión creciente entre las personas y su entorno. Su escritura introspectiva entrelaza personajes y paisajes saturados de simbolismo, creando una simbiosis profunda. A pesar de sus diferencias históricas y culturales, ambas obras comparten un interés por los procesos de cambio interior y la constante lucha contra las limitaciones inherentes a la condición humana.

En “Cómo olvidar a Berta”, los escenarios urbanos de Madrid y Granada funcionan como reflejo del desorden emocional del protagonista. Espacios como la peculiar procesión del dedo meñique o el parque de atracciones abandonado, subrayan que su obsesión amorosa no es más que un esfuerzo por encontrar sentido en un mundo marcado por lo absurdo. En cambio, El silencio de las sirenas se desarrolla en una aldea remota de Las Alpujarras, un enclave que encapsula tanto el aislamiento como la posibilidad de conexión espiritual. Las montañas y los pueblos solitarios no solo enmarcan la trama, sino que se convierten en un espejo simbólico de la pasión romántica y la melancolía que impregnan la narrativa. La ciudad en “Cómo olvidar a Berta” es un rompecabezas roto, cuyas piezas desordenadas reflejan la fragmentación emocional del protagonista. Por su parte, el paisaje rural de El silencio de las sirenas funciona como un reloj detenido, marcando un tiempo en pausa que invita a la introspección y subraya la inmovilidad de sus emociones.

Los personajes de ambos relatos comparten una lucha interna con sus propias limitaciones. En “Cómo olvidar a Berta”, el protagonista se encuentra atrapado en una obsesión que le impide avanzar, simbolizando la dificultad de liberar su mente del pasado. A través de una estructura narrativa fragmentada y un surrealismo penetrante, Chivite no solo captura el caos interno del personaje, sino también su frenética búsqueda de sentido en un entorno igualmente caótico. Por otro lado, la joven de El silencio de las sirenas se enfrenta a un aislamiento tanto físico como emocional, un desencuentro que la empuja a cuestionar su lugar en el mundo. María, la narradora, aporta una capa adicional de reflexión y empatía, equilibrando la pasión romántica de la protagonista con una perspectiva más distanciada. Aunque los conflictos internos se presentan desde enfoques estilísticos opuestos, ambos relatos subrayan la imposibilidad de los personajes para dominar sus vidas emocionales, revelando así la profunda fragilidad humana que los une.

Una constante en ambas narrativas es que los conflictos centrales no residen en el ámbito externo, sino en el interior de los personajes. Chivite presenta el desamor como una vía de autodescubrimiento, mientras que García Morales plantea interrogantes existenciales sobre la identidad y el aislamiento. En “Cómo olvidar a Berta”, la fragmentación narrativa no solo organiza la obra de manera caótica, sino que también refleja el tumulto interno del protagonista, quien queda atrapado en una obsesión amorosa. La alternancia entre escenas de la vida urbana y situaciones surrealistas genera una experiencia de lectura que, en muchos aspectos, emula la desconexión emocional del personaje. La elección de la segunda persona refuerza esta sensación, creando una conexión íntima y confesional con el lector. Por el contrario, El silencio de las sirenas se distingue por su lirismo y su narración pausada. La perspectiva de María, como observadora y narradora, enriquece la obra con una reflexión profunda que equilibra la intensidad romántica de la trama con una mirada distante y meditada. Este enfoque convierte el lirismo no solo en una técnica estilística, sino en una poderosa herramienta para profundizar en la relación simbólica entre los personajes y su entorno.

Ambos textos resultan altamente recomendables, aunque dirigidos a públicos distintos. “Cómo olvidar a Berta” es ideal para quienes buscan narrativas dinámicas, impregnadas de un tono fresco e irónico, mientras que El silencio de las sirenas se perfila como una elección más adecuada para lectores que prefieren relatos introspectivos, pausados y cargados de simbolismo. El surrealismo de Chivite puede suponer un reto para quienes se inclinan por estructuras narrativas más convencionales, del mismo modo que el lirismo reflexivo de García Morales podría parecer excesivamente pausado a lectores que priorizan tramas de ritmo más ágil.

Desde la mirada de un escritor, ambas obras ofrecen lecciones invaluables. Chivite muestra cómo el humor y el surrealismo pueden arrojar luz sobre las complejidades del amor, mientras que García Morales resalta el poder del lirismo y la distancia narrativa como medio para explorar las emociones más profundas.

En última instancia, ambos textos nos revelan que, aunque el amor y la soledad se definan de maneras diametralmente opuestas, siempre dejan rastros imborrables: risas compartidas o silencios que perduran en el tiempo.  Si “Cómo olvidar a Berta” es un canto irónico al caos de la vida, El silencio de las sirenas se erige como un himno solemne al poder de las emociones sublimes y al peso del paisaje en la psique humana.

BETWEEN NOISE AND SILENCE: Exploring Emotional Landscapes in Contemporary Narrative

Reading Cómo olvidar a Berta and El silencio de las sirenas is like observing two emotional landscapes: one, a bustling urban carnival; the other, a silent valley where nature murmurs its secrets. Though contrasting in style and cultural context, both works converge in their exploration of universal themes—love, loneliness, and the inexorable passage of time—unravelling the intricate layers of human emotion.

This analysis examines Cómo olvidar a Berta, included in Gente que ríe (2022) by Laura Chivite, and El silencio de las sirenas (1985) by Adelaida García Morales. Chivite represents a new generation of storytellers who portray contemporary urban life with freshness and irony. Her prose, characterised by surreal humour and a fragmented structure, captures the emotional complexity of characters immersed in the chaos of modernity. In contrast, García Morales belongs to the lyrical tradition of 20th-century Spanish literature, evoking a rural Spain undergoing transformation, marked by depopulation and an increasing disconnection between people and their surroundings. Her introspective writing intertwines characters and landscapes saturated with symbolism, creating a profound symbiosis. Despite their historical and cultural differences, both works share an interest in the processes of inner change and the constant struggle against the inherent limitations of the human condition.

In Cómo olvidar a Berta, the urban settings of Madrid and Granada serve as a reflection of the protagonist’s emotional turmoil. Spaces such as the peculiar procession of the little finger or the abandoned amusement park underscore that his romantic obsession is nothing more than an attempt to find meaning in a world defined by absurdity. In contrast, El silencio de las sirenas takes place in a remote village in Las Alpujarras, an enclave that encapsulates both isolation and the possibility of spiritual connection. The mountains and lonely towns not only frame the plot but also become a symbolic mirror of the romantic passion and melancholy that permeate the narrative. The city in Cómo olvidar a Berta is a broken puzzle, its scattered pieces reflecting the protagonist’s emotional fragmentation. Meanwhile, the rural landscape of El silencio de las sirenas functions as a frozen clock, marking a time that stands still, inviting introspection and emphasising the immobility of emotions.

The characters in both stories share an internal struggle with their own limitations. In Cómo olvidar a Berta, the protagonist is trapped in an obsession that prevents him from moving forward, symbolising the difficulty of freeing his mind from the past. Through a fragmented narrative structure and penetrating surrealism, Chivite not only captures the character’s inner chaos but also his frantic search for meaning in an equally chaotic environment. On the other hand, the young woman in El silencio de las sirenas faces both physical and emotional isolation, a disconnection that pushes her to question her place in the world. María, the narrator, adds an additional layer of reflection and empathy, balancing the protagonist’s romantic passion with a more distanced perspective. Though their internal conflicts are presented through opposing stylistic approaches, both stories highlight the characters’ inability to master their emotional lives, revealing the profound human fragility that unites them.

A constant in both narratives is that the central conflicts do not lie in the external realm but within the characters themselves. Chivite presents heartbreak as a path to self-discovery, while García Morales raises existential questions about identity and isolation. In Cómo olvidar a Berta, the fragmented narrative not only structures the work chaotically but also mirrors the protagonist’s inner turmoil, as he remains trapped in a romantic obsession. The alternation between scenes of urban life and surreal situations creates a reading experience that, in many ways, emulates the character’s emotional disconnection. The use of the second person reinforces this sensation, establishing an intimate and confessional connection with the reader. Conversely, El silencio de las sirenas is distinguished by its lyricism and its slow-paced narration. María’s perspective, as both observer and narrator, enriches the work with profound reflection, balancing the romantic intensity of the plot with a more distanced and meditative gaze. This approach turns lyricism not only into a stylistic technique but also into a powerful tool for deepening the symbolic relationship between the characters and their environment.

Both texts are highly recommendable, though aimed at different audiences. Cómo olvidar a Berta is ideal for those seeking dynamic narratives imbued with a fresh and ironic tone, whereas El silencio de las sirenas is better suited to readers who prefer introspective, slow-paced, and symbol-laden stories. Chivite’s surrealism may pose a challenge for those inclined towards more conventional narrative structures, just as García Morales’s reflective lyricism might seem excessively slow to readers who prioritise faster-paced plots.

From a writer’s perspective, both works offer invaluable lessons. Chivite demonstrates how humour and surrealism can shed light on the complexities of love, while García Morales highlights the power of lyricism and narrative distance as a means to explore profound emotions.

Ultimately, both texts reveal that, although love and loneliness are defined in diametrically opposed ways, they always leave indelible traces—shared laughter or silences that endure over time. If Cómo olvidar a Berta is an ironic ode to the chaos of life, El silencio de las sirenas stands as a solemn hymn to the power of sublime emotions and the weight of the landscape on the human psyche.

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